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Configuración del territorio ecuatoriano a lo largo de la historia

El territorio ecuatoriano se ha conformado a partir de relaciones económico-productivas a lo largo de la historia. El cambio en el modelo de desarrollo que diseña este plan, supone indiscutiblemente un cambio en la estructura territorial que permita mejorar las inequidades existentes y lograr un desarrollo más incluyente. La organización espacial refleja los modelos de acumulación, el desarrollo económico se va plasmando en el territorio con la densificación de ciertas zonas geográficas, la apertura de redes (viales, ferroviarias, fluviales, energéticas), las relaciones económicas y de poder.

La configuración del territorio ecuatoriano tiene su origen en el preincaico, si bien se fue consolidando en la colonia, ha ido diferenciándose y especializándose a lo largo de la época republicana. La Sierra norte, tuvo como centro articulador Quito incluso antes de la llegada de los Incas, Ibarra fue un importante centro ceremonial originalmente denominado Caranqui. Tras la llegada de los Incas y el establecimiento del Kapac Ñan como eje articulador del territorio se conformaron asentamientos, organizados en función de ayllus y llactas con un manejo de diversos pisos ecológicos e intercambios regionales para el abastecimiento de productos. Se conformó un sistema jerarquizado desde el Cuzco hacia Quito pasando por Cuenca y relacionando lo que actualmente son las capitales provinciales, cada uno de estos asentamientos cumplía funciones diferentes, eran utilizados como tambos, yanaconas o mitimaes. Los españoles fundan ciudades sobre estas estructuras incaicas y preincaicas.

El sistema de dominación, instaurado por los españoles, incluyó la apropiación de territorios por parte de colonos y el desplazamiento de poblaciones indígenas configuró la ocupación del territorio en los valles centrales de la Sierra, a través del sistema de haciendas y obrajes, mientras que en el sur de la Sierra y en la amazonía la ocupación del territorio giró en torno a los sistemas de explotación minera denominado mitas.

En el siglo XVIII se estableció un naciente sistema fluvial, para el intercambio de productos agrícolas y de comercio regional que conectaba el puerto de Guayaquil con otras poblaciones de la Costa. Esto permitió la consolidación de asentamientos en la cuenca alta y baja del río Guayas. De esta manera se sentaron las bases territoriales para el desarrollo del modelo agro- exportador republicano.

El modelo territorial republicano

Ecuador ha sido un país primario-exportador desde sus inicios como República, siempre sujeto a las variaciones del mercado mundial y dejándose llevar por las necesidades de consumo de los países industrializados, quedando condicionado su desarrollo a fuentes exógenas a su control.

Al interior del país, ésto se ha replicado, las grandes urbes también generaron procesos extractivos para con sus entornos y las clases influyentes consolidaron un modelo que mantenía sus privilegios en desmedro de los derechos de los demás. Las consecuencias han sido ampliamente estudiadas desde lo social, pero las repercusiones se han materializado también en un modelo territorial excluyente, estratificado e inequitativo.

El modelo de acumulación expandió con el tiempo las brechas entre territorios ricos y territorios pobres. Estructuralmente, ésto explicaba la generación de riqueza como un proceso desigual tanto social como territorialmente: la riqueza de unos se lograba con la pobreza de otros. Este proceso se tradujo en infraestructuras que priorizaron las zonas extractivas orientadas hacia los grandes mercados mundiales antes que las redes internas del país. El esquema de conectividad, de ese modo, profundizó el crecimiento desigual de las regiones. Entre los años 1980 y 1990 se agudizó la situación gracias a la agenda neoliberal. Así, se consolidó el bicentralismo de Quito y Guayaquil (Verdesoto, 2001) y, junto con él, un modelo degenerativo de asimetría en los territorios.

La etapa republicana se caracterizó por períodos económicos agro-exportadores enmarcados en ciertos productos (cacao, café, banano), hacia la década de los 70 la extracción petrolera, fue determinante para la consolidación del Estado Nacional.

La agro-exportación del cacao fue el motor de la economía de la nueva República, permitió la consolidación de la red fluvial que se encontraba en desarrollo desde el siglo XVIII y el crecimiento de los asentamientos de Bahía, Manta, Machalilla, Manglaralto, Machala, Puerto Bolívar. Aparte de los asentamientos vinculados al cacao, en el norte del país se consolidó Tulcán, como un eje comercial fronterizo; mientras Tena y el Puyo crecieron en la Amazonía.

El Estado gamonal clerical instaurado por García Moreno. Entre 1861-1875, se caracterizó por una ascensión rápida de la jerarquía urbana, con dos ciudades grandes: Quito y Guayaquil. Cuenca y Riobamba, se consolidaron como ciudades intermedias de importancia en la Sierra. La vialidad consistía en caminos de herradura, canales de transporte fluvial en la Costa vinculados con la explotación agrícola, vías férreas y proyectos de traspaso de la cordillera en tren.

Eloy Alfaro instauró el modelo de Estado Laico Liberal entre 1895-1912. A fines del siglo XIX el desarrollo del sistema de ferrocarril relacionado al comercio cacaotero y a la búsqueda del establecimiento de un sistema nacional integrador contribuyó al desarrollo de nuevos territorios. Así, en la Costa, gracias a las nuevas interconexiones producidas por la llegada del ferrocarril, se desarrollaron los asentamientos de Santa Elena, Milagro, El Triunfo, Santa Rosa, Arenillas y Piedras evidenciando el crecimiento de la trama urbana, así también aparecieron algunos asentamientos en la Costa norte vinculadas a la agro-exportación y el comercio como Quinindé y Santo Domingo. La vialidad dada por caminos de herradura, en la Sierra, canales de transporte fluvial en la Costa vinculadas con la explotación agrícola y vías férreas, se consolidó con los proyectos de traspaso de cordillera planteados en la época de García Moreno.

Luego de estos períodos entre 1912-1925 se produjo un periodo higienista, en el cual se generaron procesos de construcción de la nación, de la mano de un mejoramiento de vías de comunicación en los Andes centrales y septentrionales, uniendo a través de vías carrozables al Ecuador con el sur de Colombia y se concluyó la construcción del ferrocarril hasta Ibarra. Esto aportó al desarrollo de la Sierra central, consolidando a Ambato en el gran mercado nacional e iniciando en el país en el desarrollo y consolidación del sistema financiero y bancario.

Entre 1926-1931, bajo el gobierno de Isidro Ayora, creció la red urbana de ciudades: Quito y  Guayaquil superaron los 100.000 habitantes; Cuenca, Riobamba y Ambato los 20.000. Se consolidó la red de electrificación nacional, llegando a 14 ciudades intermedias, en el marco del proceso de industrialización, entre 1929 y 1939.

Las ciudades de la Costa, cuyo desarrollo inicial fue impulsado por la llegada del ferrocarril, se fueron vinculando a las actividades agro-exportadoras. En las ciudades de Quinindé y Santo Domingo, se construyeron dos importantes ingenios azucareros. Todo esto fue posible por el mejoramiento de la vialidad, que pasó de ser de herradura a ser carrozable, y de los canales de transporte fluvial que permitieron una mejor logística de los productos de exportación. En Zaruma se iniciaron los primeros proyectos de explotación de polimetálicos y en la Península de Santa Elena las primeras exploraciones petroleras. Hacia los años 1940, se establecen zonas de explotación bananera en la Costa, sentándose las bases para la consolidación final del aparato estatal nacional.

En 1942 en el marco de la Segunda Guerra Mundial, Ecuador se convirtió en el mayor exportador de balsa del mundo, el caucho representó un monto importante en las exportaciones. El Tratado de Río de Janeiro significó la pérdida de una parte importante de nuestro territorio. En este marco, se inició un primer proceso de reforma agraria, que empezó en 1948 con la  colonización de zonas agrícolas de la provincia de El Oro, que fueron invadidas por el Perú en 1941.

Con el Gobierno de Guillermo Rodríguez Lara se implanta un nuevo modelo de Estado centralista. Durante este periodo se consolidaron los asentamientos humanos del país en función del boom bananero en un primer momento y del boom petrolero en un segundo momento. Entre los años 60 y 70, el modelo territorial se caracterizó por el éxodo de población del campo a la ciudad, sumado a la colonización de zonas pioneras, esto último producto de la Ley de Reforma Agraria de 1974. La sequía azotó al sur del país durante varias décadas, sin embargo el auge económico que generó la renta petrolera neutralizó sus impactos. Como resultado de la aplicación del modelo se produjo la consolidación de la red urbana y de la red de energía eléctrica, la cual apoyó a la naciente industria. Se consolidaron como centros de colonización en la Amazonía Tena, Puyo, Macas, General Plaza y Zamora.

Gracias al establecimiento de grandes zonas de explotación bananera y zonas de concesiones petroleras, se consolidaron los puertos de Esmeraldas, Manta, Guayaquil y Puerto Bolívar, mientras que en la Amazonía se establecieron campamentos petroleros en Lago Agrio, Shushufindi, El Sacha, El Auca y Salinas. La vialidad conformada por ejes transversales y longitudinales, completó la línea férrea y nuevas vías carrozables fueron construidas. Los oleoductos, las grandes infraestructuras de la industria petrolera se instalaron en la zona norte de la Amazonía. Gracias al boom petrolero y la apertura de carreteras se consolidaron las poblaciones de Lago Agrio, Joya de los Sachas y Shushufundi central.  Quevedo se consolidó como punto nodal de las relaciones entre ciudades por las vías que ahí confluyen y sirven para las interconexiones nacionales.

Esta conformación de los asentamientos fue de la mano con la división político administrativa del Ecuador. Hacia finales del siglo XIX, el país ya contaba con 15 provincias, 10 serranas y 5 costeñas, las amazónicas fueron fundadas en el siglo XX, algunas muy recientemente. Si bien la fundación de muchas de estas provincias no correspondió a una dinámica demográfica, su establecimiento se fundamentó en el modelo de aprovechamiento de la riqueza y en los cacicazgos regionales que se fueron estableciendo. Es hacia la segunda mitad del siglo XX que el ritmo del crecimiento aumenta, entre 1950 y 2001 los ecuatorianos se cuadruplican en número aunque con marcadas diferencias regionales. (León, J., 2009)

En suma, la red de asentamientos humanos del Ecuador responde a su evolución histórica y a los modelos de desarrollo de su devenir histórico, en función a las diferentes formas de apropiación de la riqueza. Así tenemos claramente marcadas las etapas de la agro-exportación de cacao, posteriormente la época bananera, luego un primer proceso de industrialización y finalmente una etapa de explotación petrolera. El poblamiento de su territorio ha ido evolucionando y conformando una estructura nacional concentrada y poco uniforme, gracias a la influencia de varios factores, siendo los principales los económico-productivos, las infraestructuras, los servicios y las redes viales.

El desafío actual es reconformar una estructura de estos asentamientos más equitativa, entendida ésta como un desarrollo policéntrico del país y una mejora en los servicios básicos y de conectividad; posicionar encadenamientos productivos e industrializar ciertos territorios con diferentes especialidades.

El espacio geográfico ecuatoriano[1]

La Cordillera Andina divide al territorio continental del Ecuador en 3 macro-espacios o regiones naturales: Costa, Sierra, Oriente. Esta división es mucho más que un conjunto de indicadores de altura, de suelos y de clima, porque conlleva una distinción particular cultural y social que se ha construido durante siglos. Se trata sobre todo de la yuxtaposición de matrices culturales diferenciadas desde el punto de vista de la composición étnica, de los comportamientos demográficos, de la evolución de las relaciones sociales, de la génesis de las estructuras y de dinámicas económicas.

Esta oposición - yuxtaposición no implica una separación, aunque las cordilleras constituyen un obstáculo apremiante. La movilidad de las poblaciones y el desarrollo de una sociedad nacional inducen transferencias y cambios.

Entrando al análisis comparativo de las regiones, tenemos que la región Costa ocupa una mejor situación en el marco de la economía nacional fruto de dos ciclos agro-exportadores importantes, mientras que la región del Oriente tiene la peor situación a pesar de ser generadora de riqueza a través de la explotación petrolera, esta condición está marcada por el cierre oriental, el obstáculo andino y la mala distribución de la riqueza generada en la región.

Complementariamente a la división geográfica, en el país se han consolidado dos ejes principalmente norte-sur: la franja costera, que incluye las ciudades porteñas Guayaquil, Manta, Puerto Bolívar y Esmeraldas; y, la Panamericana con las ciudades Quito, Ibarra, Ambato, Cuenca y otras.

Ambos ejes están constituidos por nodos de desarrollo (grupos o redes de ciudades) y por infraestructura de transporte. En el caso de la franja costanera, están vinculados a la producción agrícola, sobre todo aquella de exportación; y a los puertos de salida, puesto que el desarrollo de estas poblaciones siempre estuvo ligado a migraciones para trabajar en la producción cacaotera y posteriormente bananera. El caso del eje de la Panamericana obedece a una articulación del territorio previa a la conquista española, que no se perdió a través del tiempo, y constituye el eje vinculante del territorio nacional de la serranía y del país con sus vecinos.

A lo largo de la historia dos ciudades se han desarrollado con mayor dinámica que el resto del país – Quito y Guayaquil. Cada una con su identidad propia: Quito, la ciudad capital y centro político y Guayaquil, la ciudad porteña internacional y el motor económico. Juntas representan cerca del 30 % de la población.

Su origen radica en la proyección hacia el litoral de la metrópoli interior.El fenómeno ha sido netamente amplificado por la evolución histórica específica de Guayaquil y Quito, dos ciudades al mismo tiempo diferentes, antagónicas y complementarias. Por un lado Guayaquil, la metrópoli o puerto, ciudad tropical y costeña, polo meridional del país, centro económico dinámico; y por el otro Quito, metrópoli continental, ciudad andina, polo septentrional, centro político y económico.

Esta bipolaridad o bicefalia a escala del territorio nacional, se manifiesta por relaciones disimétricas, por desequilibrios opuestos que pueden compensarse en forma parcial. Implica el establecimiento y la consolidación permanente en una conexión interurbana, a través del desenvolvimiento de un eje privilegiado cuyas modalidades técnicas fueron históricamente variables, con el desarrollo de etapas y asentamientos intermediarios.

Entre las dos grandes ciudades del país se ha formado un área con mayores densidades poblacionales y niveles más altos de conectividad, debido a la convergencia entre las zonas de influencia de ambas metrópolis con la zona de impacto del eje de conexión Quito-Guayaquil. Fuera de este centro se reconoce un conjunto de centros urbanos más pequeños, pero a menudo muy poblados, los cuales se encuentran en el radio de influencia de Quito, de Guayaquil y, en algunos casos, de las dos. Hacia los extremos, se encuentran las márgenes selváticas y las zonas fronterizas poco pobladas. Se evidencia una tendencia a la gravitación de los centros urbanos de segundo nivel en torno a los dos polos metropolitanos.

Hacia la reconfiguración del territorio nacional

El impulso a una transformación de la estructura del territorio nacional requiere que las políticas públicas se articulen con las condiciones y características propias de los territorios. Además, busca promover sinergias inter- e intra-regionales y sistemas red, formados por grupos urbanos, que favorezcan el desarrollo endógeno del país. Los territorios deben ser entendidos con funciones específicas y articularse de manera complementaria, sin distinciones entre lo urbano y lo rural, sino con políticas específicas que promuevan la igualdad de oportunidades, asegurando el acceso equitativo a servicios básicos, salud, educación, nutrición, hábitat digno, entre otros.

Se pretende rebasar concepciones planas que propugnan la competencia y no la complementariedad, que pretenden hablar de territorios ganadores, sin comprender que no deberían existir territorios perdedores. La óptica relacional que adopta la estrategia territorial nacional vislumbra las estrechas vinculaciones entre todos los territorios. Va más allá de supuestas confrontaciones espaciales. No enfrenta, por ejemplo, al espacio urbano con el rural; más bien se concentra en cómo potenciar relaciones de beneficio mutuo, siempre anteponiendo el Buen Vivir de sus poblaciones.

A través de criterios y lineamientos específicos, la estrategia territorial construye referentes tanto para las políticas sectoriales como para las instancias públicas de todos los niveles. Estos criterios y lineamientos han sido concebidos en concordancia con la Constitución y los objetivos del PNBV y permiten encaminar las acciones públicas hacia la consecución de resultados territoriales de impacto. Sin embargo el carácter dinámico de la planificación requiere de una constante retroalimentación en función de información[2] y procesos participativos de planificación y gestión territorial.

Cabe remarcar que construir un país territorialmente equitativo, seguro, sustentable con una gestión eficaz y un acceso universal y eficiente a servicios, sólo será posible a partir de una optimización de las inversiones, acompañada de reformas político-administrativas acordes. Bajo esta perspectiva, la estrategia territorial se plantea desde siete temáticas:

  1. Propiciar y fortalecer una estructura nacional policéntrica, articulada y complementaria de asentamientos humanos
  2. Impulsar el Buen Vivir en los territorios rurales y la soberanía alimentaria
  3. Jerarquizar y hacer eficientes la infraestructura para la movilidad, la conectividad y la energía
  4. Garantizar la sustentabilidad del patrimonio natural mediante el uso racional y responsable de los recursos naturales renovables y no renovables
  5. Potenciar la diversidad y el patrimonio cultural
  6. Fomentar la inserción estratégica y soberana en el mundo y la integración latinoamericana
  7. Consolidar un modelo de gestión descentralizado y desconcentrado con base en la planificación articulada y la gestión participativa del territorio

 

A través de estas temáticas, se aporta a la consecución de los objetivos para el Buen Vivir y de la estrategia de acumulación y re-distribución en el largo plazo. Ello supone reforzar las zonas estructuralmente más débiles, fortaleciendo los vínculos de éstas con las demás zonas del país, repotenciar las capacidades del Estado para planificar su territorio y concretar las aspiraciones concentradas en un modelo territorial deseado.

Mapa 8.1: Expresión gráfica de la Estrategia Territorial Nacional[3]

Fuente: SENPLADES
Elaboración: SENPLADES

 

[1] Esta sección está sustentada en varias publicaciones de Jean Paul Deler en las que se difundió una interpretación del funcionamiento territorial del Ecuador. Esta lectura permite clarificar el sistema territorial nacional y avanzar hacia una interpretación de sus elementos estructurales.

[2] Durante 2010 se realizarán en Ecuador el Censo de Población y Vivienda, el Censo Económico así como también la generación de información cartográfica de vital importancia para la planificación territorial.

[3] Los mapas que se presentan a todo lo largo de la Estrategia Territorial Nacional son indicativos, se ha utilizado una visualización gráfica en base a coremas para la representación del territorio nacional, serán la planificación sectorial y los planes de ordenamiento y desarrollo territorial los que formularán cartografía más precisa de cada aspecto de su competencia. Para mayor información ver la nota metodológica incluida en anexo.

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